viernes, 8 de abril de 2011

Cita en la peluquería

Se acerca el fin de semana y con ello el momento de arreglarse y verse un poco más guapa. Así que los viernes, que se pueda, a la peluquería. Le lavan el pelo, se lo cortan o tiñen si lo necesita y se lo peinan para que el domingo vaya a misa con su mejor imagen.

Eso sí, esto, que así contado parece un momento de relax y disfrute, no es tan fácil.
Ella lleva yendo a la misma peluquería muchísimo años y allí se siente como en casa.

Además, a su peluquera sigue reconociéndola así que genial: la podíamos llevar dejarla allí y, cuando está lista, ir a buscarla. Su cuidadora tiene una horita de desconexión y ella está con gente distinta.

El problema comenzó cuando la familia empezamos a notar que como ella no está bien pues no siempre le atendían igual. Un día le quemaron el pelo. Otro día le cobraron muy caro por lo mismo de siempre. A veces, se pasaba allí muchas horas porque otros que llegaban detrás los peinaban antes. Los familiares lo hablaron con la empresa pero su versión nos sonaba a excusa.

Hubo que tomar una decisión y llevarla a otro sitio pero cambiar su rutina no es fácil. Aprovechando que pasó unos días fuera de casa y fue a otra peluquería en la ciudad visitada, a la vuelta pensamos que ese era el momento. Así que, al viernes siguiente, la llevamos a otra peluquería.

Cuando llegó estaba desorientada y preguntaba que por qué la habíamos llevado allí, que dónde estaba su peluquera. Era invierno por lo que anocheció muy temprano y eso la confundió aún más. Decía que era muy tarde y nos teníamos que ir a dormir. Tampoco entendía por qué había allí tanta gente sin cenar ni nada.

Cuando estuvo arreglada, estaba contenta con su peinado y con el trato recibido pero se quería ir a casa porque pensaba que era muy tarde. Después la hemos seguido llevando a este sitio pero le cambiamos la cita a la mañana para que no se hiciera de noche y no lo pasara mal.

Al principio, su cuidadora tenía que estar con ella todo el tiempo para que no se pusiese nerviosa pero ahora ya se siente como en casa. Tras el duro trabajo, los familiares, su cuidadora y ella están contentos con la decisión.

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